a) Proceso de creación
El trovadorismo es la primera manifestación literaria de la lengua gallega. Surge en el siglo XII. Sus orígenes se dan en la *Provenza, de donde se va a desparramar por prácticamente toda la Europa, por mor de la cruzada contra la herejía albigense, que la obliga a un éxodo masivo de las gentes de la Provenza o Occitania. A pesar de eso, la lírica medieval gallego-portuguesa posee características propias, una gran productividad y número considerable de autores conservados.
Con la cantiga más antigua registrada (1196-1198) consideramos el nacimiento de la lírica medieval gallego-portuguesa, si bien ya llevaría algunos años siendo cultivada. Se dan cómo fechas simbólicas de la muerte abrupta de esta estética bien 1350, año de la redacción del testamento del Conde de Barcelos, bien 1354, año en que muere este último mecenas. Tras esta época de esplendor se produce una etapa de transición decadente conocida como la Escuela gallego-castellana, que tiene su representación en numerosos autores activos entre la segunda mitad del siglo XIV y la primera del XV, recogidos en el Cancioneiro de Baena. Esta época es antesala de los Siglos Oscuros de Galicia así como del Quiñentismo en Portugal.
Esta poesía, de transmisión oral, creó a su redor un verdadero espectáculo trovadoresco (cómo señaló uno de los especialistas, Resende de Oliveira), pues eran cantigas musicadas (lo cual suponía un duplo acto de creación), y contaban con varios agentes:
a) El trovador:
Entre las diversas posibilidades etimológicas de la palabra "trovar" la más adecuada es la de "inventar o crear literariamente". Hace falta distinguir en esta época el significado de dos palabras que en nuestros días se usan sin ningún matiz diferenciador: poeta y trovador. El primero era aquel que escribía poesía en latín, en cambio el segundo lo hacía en una lengua romance. Los trovadores componían también la música de sus poemas.
Los trovadores, personajes mayoritariamente de la nobleza, a menudo a medio camino entre el guerrero y el cortesano, con sus canciones amorosas sobre todo, pero también con sus composiciones de propaganda política, sus debates y, en definitiva, con su visión del mundo, nos muestran el inicio de una historia cultural y política con una variedad que no encontramos en ningún otro documento de la época. Su literatura, además, será una de las fuentes básicas de la poesía que durante siglos se cultivará en Europa occidental
b) El xogral (juglar):
Un juglar era un artista del entretenimiento en la Europa medieval, dotado para tocar instrumentos, cantar, contar historias o leyendas. Se diferenciaban de los trovadores por sus orígenes más humildes (baja nobleza), por tener como fin entretener y no ser autores de sus versos, porque generalmente eran copias de versos de trovadores arreglados por ellos mismos, aunque sí existían quienes componían sus propias obras. Dentro de la primera etapa de la Edad Media entre el siglo X y la primera mitad del siglo XIII predominaban los juglares épicos (poetas cultos en realidad) que recitaban (no siempre) tiradas y fragmentos de poesía narrativa o biográfica. A partir de la segunda mitad del siglo XIII y en el siglo XIV predominan más los juglares líricos que recitaban la llamada "poesía cortesana".
En tiempo de Alfonso X el Sabio se multiplicaron tanto que llamaron la atención de la corte y fueron objeto de disposiciones particulares en las leyes, como en la La Ley 4º, título VI, Partida 7º en que se les declara infames. También por la Ley 3º, título XIV, Partida 4º, se prohibía a las personas ilustres que tuvieran por barraganas a juglaresas ni sus hijas. Por lo que se ve, el arte de representación no era infame en sí mismo sino por las personas que lo ejercían.
c) El segrel:
De procedencia social más baja; generalmente interpretaban las composiciones que hacían los trovadores, aunque algunos escribían sus propias cantigas
d) Las soldadeiras:
Bailarinas de la corte, muchas de las cuales tenían fama de prostitutas.
e) Los menestreis (ministriles):
Instrumentistas que acompañaban la interpretación de las cantigas.
f) Y un público cortesano, receptor inmediato de los textos.
b) Trovadores en la historia
Arte de trovadores y juglares gallegos de los siglos XIII y XIV:
La música trovadoresca provenzal, de tan extraordinaria importancia cultural, tuvo su máximo apogeo en el siglo XII y primera mitad del siglo XIII, aunque duró hasta finales de este último.
En España tuvo un influjo particularmente intenso en la corte catalano-aragonesa y, hasta Alfonso VIII, también, aunque en menor grado, en la castellano-leonesa.
Con la muerte de Alfonso VII(1214) disminuye en la corte castellana la presencia e influjo de los trovadores provenzales, que tan importante papel habían desempeñado en ella, y comienza el gran momento de los trovadores y juglares gallegos. En ello tuvo grande parte el rey Fernando III el Santo (que reinó de 1217 a 1252). Don Fernando se había criado y educado en Galicia y conservó toda su vida un gran recuerdo de los cantos gallegos que había oído en su niñez y juventud. Galicia vivió por entonces su época de oro de la poesía y la música cortesanas. También en la corte de Portugal había muchos trovadores y juglares gallegos, pero la mayor parte de ellos vivía en la corte castellana y se dedicó activamente a llevar solaz a los campamentos militares en las sucesivas campañas del Rey Santo. De hecho, en muchas de las canciones de estos trovadores y juglares hay noticias o alusiones a hechos de armas o de la vida militar de los guerreros de Don Fernando. Tal corriente cultural continuó en el reinado de Alfonso X el Sabio, también educado en Galicia, donde pasó su infancia y juventud. Pues si bien el Rey Sabio, por razones políticas de sus intentos de conquista de mas allá de los Pirineos, volvió parte de su atención hacia los trovadores provenzales, en su tiempo el arte provenzal estaba ya en franca decadencia y, por otra parte, el inmenso amor que él tuvo hacia las letras y las artes, hizo que en su corte los espectáculos literario-musicales fueran de un vigor desconocido hasta entonces, ni siquiera en la corte de su padre San Fernando, no obstante que, como dice la Crónica General, el Rey Santo “pagábase de omes de corte que sabían bien trovar e cantar, e de joglares que sopiesen bien tocar estrumentos”. De hecho, en la corte de ambos reyes, y en concreto en la de Alfonso X, aunque el lenguaje hablado era el castellano, el lenguaje poético era única y exclusivamente el gallego-portugués.
c) Trovadores gallegos
Hoy día conocemos ya los nombres y muchos detalles de las vidas de estos trovadores gallegos y portugueses, activos en la corte castellana (y también, aunque como ya queda dicho, en mucho menor grado, la portuguesa). Estos trovadores fueron estudiados, no sólo en conjunto, sino también algunos particularmente, por Carolina Michaëlis de Vasconcellos y por Menéndez Pidal. Pero fue sobre todo José Joaquim Nunes quien los estudió con más profundidad. Gracias a él a su profundo trabajo, conocemos no solamente los nombres de estos trovadores y juglares gallego-portugueses, sino también los datos biográficos que aparecen en las mismas cantigas y en otras fuentes históricas. Se trata de una serie gloriosa de músicos-compositores (los trovadores) o intérpretes (los juglares), que van desde el juglar de Palla, que divertía a la corte del emperador Alfonso VI hasta Bernardo de Bonaval, que era tan hábil poeta, que de él dice Alfonso X el Sabio en una cantiga que parecía haber aprendido su arte del mismísimo demonio.
He aquí, pues, la lista de los trovadores y juglares que Nunes supone con fundamento que fueran gallegos, según el orden en el que él mismo los estudia: Payo Gómez Chariño, natural de los alrededores de Pontevedra, en cuya iglesia de San Francisco fue sepultado; Pero da Ponte, que se supone gallego por su intimidad con otros trovadores ciertamente gallegos, como Bernardo de Bonaval y Alfonso Eanes de Cotón, y que fue uno de los más grandes trovadores de su generación; Airas Paes, al parecer oriundo de Ourense o de un pueblo cercano a esta capital; Meen Rodrigues Tenoiro , natural de los alrededores de Pontevedra; Ruy Fernandes, clérigo de Santiago; como clérigo y compostelano de origen era Airas Nunes, que recuerda en una de sus cantigas que acompañó al rey en la peregrinación a Santiago (no se sabe si a Fernando III, que vino en peregrinación en 1232, o si Sancho IV, que vino en peregrinación dos veces, una en 1286 y otra en 1291); Fernando Esquío (o Esguío), natural de Compostela, donde dejó a su amada cuando se fue a servir en la corte y a la que confiesa que se mantuvo siempre fiel; Martín de Caldas; Nuno Peres (o Fernandes), que en los cancioneros figura al lado de Martín de Caldas y que dice que su amada, despechada porque él se había marchado, no hacía más que llorar y que refiere escenas vividas juntos en el santuario de San Clemente do Mar (santuario que está cerca de Pontevedra); de Pontevedra mejor dicho, de Ardía, en esa provincia, era natural Pedro d’Ardía; de Lugo parece que era oriundo Pero de Veer; en La Coruña, o en sus alrededores, nació Alfonso Eanes, que en otras ocasiones llamado de Cotón, o Alfonso Eanes de Cotón ,uno de los más famosos trovadores gallego-portugueses, y no precisamente por su virtud, sino por su exquisito modo de trovar y por su vida desgarrada: recorrió buena parte de Castilla (Burgos, Palencia, Carrión…) detrás de una mujer de la que él mismo dice que “no sabía si era casada, viuda, soltera, toquinegra, monja o fraila…”; Perdro Eanes Solaz parece que era de Pontevedra, pues se dice enamorado de una monja del convento de Nogueira, cerca de dicha capital (en otra canción dice que está enamorado de una beldad que vio “ontr’as amenas”); se supone que también Airas Corpancho fuera gallego, pues en una de sus cantigas de amigo dice su “amiga” que iba a ir en romería a Santiago; por su apellido parece que era oriundo de la provincia de La Coruña Pero d’Ambroa o Pedro García de Ambroa, uno de los muchos que perdieron la cabeza –y otras cosas- por María Pérez “Balteira”, la más famosa de las numerosas soldadeiras de la corte de Alfonso X el Sabio (de Pero de Ambroa dice el juglar gallego Bernardo de Bonaval que vivió algún tiempo en si aldea, lo que confirmaría su oriundez gallega, más aún, coruñesa); también gallego, sin que se pueda precisar más su lugar de origen, fue el juglar Xoán Bolseiro, que estuvo al servicio del trovador gallego Meen Rodrigues Tenoiro, de quien ya se ha hecho mención; contemporáneo suyo, y también gallego, sin que tampoco podamos precisar más, fue Xoán Baveca, como ellos también al servicio del Rey Sabio en Andalucía; compostelano era Sancho Sanches, y clérigo, lo que no le impedía escribir hermosas cantigas de amigo; natural de Santa Marina de Ginzo era Marín de Ginzo; parece que era gallego Fernán Gonçalves de Seabra, y posiblemente de familia noble, pues se casó con una mujer noble de Galicia, de la familia de los Sotomayor; nada sabemos de la vida de Fernán do Lago, que por el apellido se supone natural de Pontevedra o sus alrededores; pontevedrés era también Xoán de Cangas, que habla en tres de sus cantigas de amigo de la ermita de San Mamed del mismo pueblo; también pontevedrés, de Camán, parece oriundo Xoan Nunes Camanés; Xoan de Requeixo parece natural de este pueblo de Lugo, donde se encuentra la ermita de Faro, a la que él alude en todas las cinco cantigas de amigo que se conservan de él; de la isla de San Simón, en la ría de Vigo, era natural Mendiño, que así figura en los cancioneros, sin nombre de pila y con el apellido en diminutivo, de donde se deduce que era juglar, no trovador, pues era frecuente nombrar así a los juglares, casi nunca a los trovadores, que pertenecían a una categoría social superior; como otros semejantes, también Pai de Cana, o da Cana, clérigo compostelano, se muestra enamorado en las dos cantigas de amigo que se conservan de él; gallego era también probablemente Pero Meogo, o Moogo, que parece que era amigo de Xoán Bolseiro; de Vasco Praga de Sandín, o Vasco Fernandes Praga, dice el 4º Libro de los Linajes que era “natural de Galiza e mui boom trovador”; de Santiago fueron dos de los más famosos trovadores gallego-portugueses: Bernardo de Bonaval y Xoán Airas.
A esta extensa lista había que añadir varios nombres más de los que no se sabe si eran gallegos o portugueses, pues la he limitado a los que con certeza, o casi certeza, se sabe que fueron gallegos.
Queda aún un nombre famoso entre los trovadores gallegos: Martin Códax, pues de él habremos de ocuparnos con más detenimiento.
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