1.1. CONTEXTO HISTÓRICO
a) La Galicia feudal
a1) SITUACIÓN SOCIAL Y CONFLICTOS
La época bajomedieval se extiende desde el siglo XI hasta la época de la conquista de Constantinopla por los árabes y el descubrimiento de América, a finales del siglo XV.
El final del primer milenio vio cierto crecimiento demográfico y la repoblación de zonas cada vez más al sur, a través del sistema de “presura”. Comenzando el siglo segundo las costas padecieron los saqueos vikingos. Desde el siglo IX comenzaron a aparecer pequeños núcleos rurales llamados “vilas”, acompañados de “vilares” y “casais”, característicos todos ellos del hábitat disperso. De principios del siglo XII data el proceso urbanizador. Las instituciones eclesiásticas atañen un notorio poder –las catedrales en las ciudades y los monasterios bieitos y cluniacienses en el campo.
Durante todo este período, las tierras se fueron concentrando en manos de grandes propietarios (que, debido a la pronunciada diseminación de los predios, no poseían “grandes propiedades”) y el número de pequeños propietarios decreció. Una parte de los dominios señoriales la explotaban directamente los señores a través de un "villicus"; la otra parte por medio de seros y colonos. Se intensificó la horticultura; se redujo el “barbeito” con la rotación trienal, se introdujo el “vesadoiro”, y se utilizó más el hierro en los aperos agrícolas y aparecieron las aceñas.
El reino de Galicia pasó progresivamente a depender de los ámbitos astur-leonés y posteriormente castellano-leonés hasta que, desgastada su nobleza en conflictos dinásticos, decreció su capacidad de actuación. Después de las terribles hambres y pestes del siglo XIV, la conflictividad social aumentó en el siglo XV y provocó las revueltas irmandiñas (1431-1469).
a2) EL SISTEMA FEUDAL
La propiedad de la tierra constituía el elemento de diferenciación social y provocaba la necesidad de pedir protección. Esta protección se pagaba encomendando terrenos propios o cediéndolos cómo pago de rentas; se fue consagrando así el sistema de privilegios nobiliarquicos. A comienzos del siglo XIII se produjo el renacimiento -realmente nacimiento- de las ciudades, relacionado bien con el camino francés (Portomarín, Melide, Arzúa), con las actividades marineras (A Guarda, Baiona, Redondela, Pontevedra, Muros, Noia, Padrón, Coruña, Betanzos, Viveiro, Ribadeo), con las sedes episcopales (Mondoñedo, Ourense) o por otros motivos (Ribadavia).
Al lado de las catedrales y de sus cabidos aparecieron los conventos de las órdenes mendigas: dominicos (Santiago, Ribadavia, Tui, Lugo, Coruña, Pontevedra, Viveiro, Ortigueira) y franciscanos/clarisas (Santiago, Coruña, Ribadeo(?), Viveiro, Lugo, Ourense, Pontevedra, Betanzos, Monterrei, Noia, Pobra del Deán, Herbón, Vilabade-Castroverde, Allariz).
Al frente de los ayuntamientos figuraban los jueces; estaban luego los corregidores (representantes del poder real) y justicias mayores (de carácter eclesiástico) y finalmente los alcaldes y regidores, escogidos entre los hidalgos locales y los comerciantes. Para el conjunto, desde 1231 existió el cargo de Meiriño Mayor ("Adelantado Mayor de Galicia", ligado a la familia de los Castro) con funciones gubernamentales, económicas, financieras y judiciales, con el auxilio de los meiriños menores, de los oficiales reales y de la maxistratura.
a3) SITUACIÓN POLÍTICA
En los primeros siglos de la Reconquista, el topónimo Galicia designaba al territorio regido por los monarcas astur-galaicos desde Alfonso I hasta Alfonso III el Magno. Así, autores árabes como Ibn al-Atir llamaban reyes de Galicia a Alfonso I, Aurelio, Silo y Ordoño I. Alfonso II el Casto, que pactó con el único obispado libre del dominio musulmán (Iria Flavia) la creación de un santuario en torno a la Tumba de Santiago Apóstol, es denominado rey de Galicia en los Annales Regni Francorum o en la Vita Karoli Magni. Este rey consolida la plena integración de Galicia en el espacio de la monarquía de Oviedo, hasta el punto de que su sucesor será un candidato impuesto por los magnates gallegos: Ramiro I, el vencedor de la legendaria batalla de Clavijo, que originó el multisecular voto de Santiago.
En el año 910, cuando, a su muerte, el rey de Asturias Alfonso III el Magno divide su reino entre sus tres hijos, el Reino de Galicia le corresponde a Ordoño, casado con la noble gallega Elvira Menéndez. Nace el reino de Galicia como reino independiente del de León. Sin embargo, al morir su hermano García I de León sin descendientes en 914, Ordoño ocupa el trono del Reino de León, con el nombre de Ordoño II, con lo que se produce la unión de ambos reinos. En el marco de las luchas entre Alfonso IV y su hermano Sancho Ordóñez, el reino de Galicia recuperó, de hecho su independencia. Sancho se refugió en Galicia huyendo de su hermano en 926, coronándose como rey de Galicia y manteniendo el reino independiente hasta su muerte en el año 929. Tras su fallecimiento, el reino se reintegraría de nuevo en el de León, en la persona de Alfonso IV, aunque su esposa, la retirada reina gallega Goto, siguió siendo considerada como tal, incluso en el fructífero reinado de Ramiro II.
La posición de los magnates gallegos osciló entre el dominio del reino y el levantamiento (traditores), incluso favoreciendo las devastadoras incursiones del caudillo musulmán Almanzor. Una de las múltiples rebeliones de la nobleza gallega culmina con la coronación en Galicia de Vermudo II (981) que vence a Ramiro III de León y acaba dominando también este reino.
Posteriormente, tras la muerte de Fernando I el Magno, rey de Castilla y de León, y atendiendo a su testamento, sus reinos se reparten entre sus hijos. El Reino de Galicia le corresponde a García I. García fue coronado por el obispo compostelano Cresconio y restauró las diócesis de Tuy y Braga. Su hermano Alfonso VI le arrebata el reino y mata a su otro hermano Sancho, rey de Castilla, reuniendo de nuevo los reinos en un solo trono. A partir de este momento Galicia se convierte en un territorio más del reino de León, de Castilla y León o de Castilla según los cambios políticos de la época.
En esa época el reino alcanzó su máxima extensión, llegando hasta Coimbra. En 1096, Alfonso VI acordó partirlo en dos: El Condado de Galicia, al norte del río Miño, que pasa a manos de Raimundo de Borgoña, casado con Doña Urraca (totius Gallecia imperatrix), y la Galicia del sur que pasa a manos de Teresa y Enrique de Borgoña, primo del anterior. El hijo de estos, Afonso Henriques, se proclamó primer rey de Portugal en 1139.
Fueron frecuentes, desde el año 844, ataques normandos o vikingos, que, por momentos, amenazaron en convertirse en conquista. La última gran invasión, a través del río Miño, acabó con la derrota de Olaf Haralddson en 1014 a manos de la nobleza gallega.
Las dificultades en la costa no impidieron una expansión hacia el sur donde nobles gallegos del siglo IX y X como Vimara Pérez o Hermenegildo Gutierrez reorganizaron el espacio de frontera con el Islám en torno a Oporto y Coimbra, que más tarde serían los ejes del progresivamente independiente condado portucalense.
En el siglo X, el árbitro de la política gallega será S. Rosendo. Fundador del monasterio de Celavona, ponía y quitaba reyes, impulsó el monacato, combatió a los normandos y realizó un esfuerzo civilizador en una época de crisis y agitación
En los siglos XI y XII, el Reino de Galicia, liderado por los obispos de Compostela y los condes de Traba, conoce una época brillante en lo religioso (peregrinaciones europeas, auge de los monasterios como Oseira, Sobrado de los Monjes, San Esteban de Ribas de Sil o San Clodio) en lo político (concesión de fueros a las ciudades por parte de los reyes de León y Galicia Fernando II y Alfonso IX) y en lo artístico (románico). Son hitos fundamentales del momento el inicio de la catedral compostelana por el obispo Diego Peláez en 1075, la coronación por el obispo Diego Gelmírez del hijo de Urraca Alfonso VII en Santiago de Compostela como rey de Galicia en 1111 y la concesión del Año Santo Jubilar Jacobeo por Roma en el año 1181.
b) Integración definitiva en la Corona de Castilla
La unificación definitiva con Castilla se produce, en 1230, con el gran rey reconquistador Fernando III el Santo, hijo de Alfonso IX de León y Galicia y de Doña Berenguela de Castilla. Fernando III no respetó el testamento de su padre que dejaba los reinos de Galicia y León a Doña Sancha y Doña Dulce, hijas que tuviera con Doña Teresa de Portugal. Le sucedió Alfonso X el Sabio, exponente del esplendor de la lírica en gallego (Cantigas de Santa María). Al frente de Galicia queda ahora un Adelantado Mayor del Reino, representante de la Corona y designado de entre la nobleza autóctona. Entre los adelantados mayores del Reino de Galicia destacó Payo Gómez Chariño pacificador del Reino, famoso almirante e insigne poeta en lengua gallega.
Tras la muerte de Sancho IV, la integración del Reino de Galicia en la Corona de Castilla sólo se vio alterada por el intento de D. Juan de la Cerda de restaurar la corona galaico-leonesa en 1296 y por las guerras entre los Trastamara y los petristas. La alta nobleza gallega de los Castro, de querencia petrista, llegó a proclamar rey en Galicia a Fernando I de Portugal en 1369 y más tarde al Duque de Lancaster D. Juan de Gante en 1386. Este conflicto dinástico se enquistó durante décadas en Galicia y concluiría con la derrota de los Castro a manos de la nueva dinastía real y con ella, el final del papel preponderante de la nobleza gallega en la corona castellano-leonesa, desde 1369 en poder de los Trastamara. Una nueva aristocracia galaica, más fragmentada, emergería con los Andrade, los Castro, los Moscoso, los Sotomayor, los Osorio o los Sarmiento, cuya cabeza, el conde de Ribadavia, ostentaría la condición de adelantado mayor del Reino de Galicia.
El movimiento social más significativo de las historia de Galicia fue el levantamiento irmandiño. Una revolución popular que destruyó la mayor parte de las fortalezas de la nobleza gallega del siglo XV. Esta era un estamento semiindependiente, dividido y depredador que estuvo puesto en jaque por las fuerzas populares que gobernaron mediante juntas el Reino de Galicia durante más de dos años. La corona castellana decidió finalmente apoyar a los señores, aunque exigiendo que los castillos no fuesen reconstruídos y sometiendo a aquellos a la autoridad de un virrey-gobernador foráneo que presidía la recién creada Real Audiencia del Reino de Galicia. Los enfrentamientos de la aristocracia gallega con los Reyes Católicos dan entrada a Galicia en la Edad Moderna. Nobles levantiscos como Pardo de Cela (decapitado en Mondoñedo) Pedro Madruga de Soutomaior (exiliado a Portugal y asesinado) o el Conde de Lemos (confinado en la Galicia oriental) escribirían las últimas páginas de una Galicia feudal que moriría con ellos para siempre.
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