viernes, 23 de mayo de 2008

2. LA LITERATURA GALLEGA EN LA EDAD MEDIA

2.1. LOS GÉNEROS

a) Lírica: Cantigas

La poesía trovadoresca en lengua gallego-portuguesa se extiende en un período que va aproximadamente desde 1200 hasta 1350. Comprende, por lo tanto, unos 150 años, que corresponden a los inicios de las historia literaria de esta lengua; un total de 2100 composiciones aprox., de las cuales unas 1680 son de carácter profano y 420 de carácter religioso. Fueron compustas por unos 160 autores.

Se acostumbra distribuir esta poesía trovadoresca en dos grandes bloques: por una parte, las cantigas profanas (amorosas y satíricas, fundamentalmente) y por otra, las cantigas religiosas (constitutídas fundamentalmente por las Cantigas de Santa María)

a1) Las cantigas profanas: géneros

Como decíamos, es de aprox. 1680 el número total de cantigas de este estilo.

Este rico corpus poético aparece distribuido fundamentalmente en tres grandes géneros:

1). Cantigas de amor. Aparecen puestas en boca del hombre enamorado, que se dirige a su amada (a la cual llama habitualmente “[mià] senhor”) o habla de ella. En gran medida, desarrollan conceptos y técnicas poéticas tomadas de la poesía trovadoresca Provenzal.

2). Cantigas de amigo. Son poemas de mujer, puestos normalmente en boca de una joven enamorada, que se dirige a su amigo o habla de él. Constituyen la parte más original y de mayor encanto del trovadorismo en lengua gallego-portuguesa.

3). Cantigas de escarnio o maldecir (“escarnho”, “mal dizer” en gallego-portugués). Son burlas versificadas, dirigidas a personas individuales o a grupos sociales sobre asuntos diversos (literarios, profesionales, sexuales, económicos, políticos…). Se diferencian por la actitud del yo-lírico, que en las de escarnio hace una sátira era indirecta, llena de dobles sentidos, y oculta el nombre de la entidad satirizada; y en las de maldecir realiza una sátira directa y sin dobles sentidos. Es común la agresión verbal a la persona satirizada, y muchas veces son utilizados vulgarismos, insultos y palabras obscenas. El nombre de la persona satirizada puede o no ser revelado.

a2) Las cantigas religiosas: las Cantigas de Santa María (CSM)

Las cantigas trovadorescas religiosas son conocidas con el título genérico de Cantigas de Santa María. Esta denominación puede considerarse exacta, visto que, abarca un número total de 420 composiciones exista un pequeño grupo de 5 que no son de tema mariológico si no cristológico, el conjunto nació y está organizado como una antología de cantigas en honor a la Virgen María, de modo que los 5 poemas cristológicos poseen más bien carácter de apéndice o excurso. Acompañadas de miniaturas y de notación musical.

Estas cantigas fueron elaboradas en la corte del rey Alfonso X de Catilla (1221-1284; rey entre 1252 y 1284). Son la principal muestra de la vertiente religiosa de la lírica gallego-portuguesa y constituyen el corpus de la poesía mariana medieval más relevante de toda la península ibérica, y aún de Europa. El rey pretendía

Como modalidades de género dentro do conjunto das CSM, hay dos fundamentales:

1) Cantigas de loor: Las cantigas de loor son poemas de índole lírica, que loan diversos aspectos de la figura de la Virgen María; destacan por su variedad formal, e, dentro da colección de las CSM, aparecen colocadas intencionalmente nos números correspondientes a las decenas (10, 20, 30, etc.).

En estas composiciones se canta a la Virgen como si fuese la dama de las cantigas de amor. El trovador es el vasallo y la Virgen es “sua senhor”.

2) Cantigas de milagros (milagres en la denominación medieval): Las cantigas de milagros son de índole narrativa: comienzan con una introducción, después aparece una tentación o un peligro, por lo que se le pide ayuda a Santa María

A esas 420 composiciones de las CSM podemos sumar otras dos, igualmente mariológicas, que nos fueron transmitidas fuera de los 4 códices de las CSM: la primera de ellas aparece incluida en el cancionero B de la poesía profana, sobre la autoría del mismo rey Alfonso X, y la segunda se conservó anónima en un códice monacal latino de temática teológica y es atribuida conjeturalmente al rey Fernando III de Castilla (1201-1252; rey de Castilla desde 1217, y de León desde 1230), padre de Alfonso X.

En total, por lo tanto, son 422 las composiciones trovadorescas en lengua portuguesa que constituyen o bloque de cantigas religiosas.

Un problema ya clásico en la investigación sobre Alfonso X es el del papel del rey en la elaboración de sus obras literarias en general, y, concretamente, de las poesías en lengua gallego-portuguesa, y, con más fuerte duda aún, en una colección de tan amplias dimensiones como son las CSM. Detengámonos un momento en formular algunas indicaciones sobre este tema.

Parece lógico atribuir la mayor parte del trabajo de redacción, por lo menos en su aspecto más directamente lingüístico, a los trovadores de fala portuguesa presentes en su corte, entre os cuales, según podemos suponer, debían de ser especialmente numerosos los gallegos, por ser o territorio de Galicia un "reino" englobado en sus dominios, pero está bien documentada igualmente la presencia de algunos trovadores del reino de Portugal. Por todo esto deducimos que el rey Alfonso X “El Sabio” de Castilla, se encargó de la dirección, y en ocasiones participó directamente en su composición. Es todo un ejemplo del prestigio alcanzado por el idioma gallego como lengua literaria a finales del siglo XIII.

b) Prosa: histórica, religiosa y didáctica

En comparación con la lírica, la prosa literaria medieval en gallego es escasa y tardía. Es necesario tener en cuenta que los centros culturales de la época eran los monasterios y escuelas monacales, donde imperaba el uso del latín eclesiástico. Aún así, a partir de finales del siglo XIII, y más significativamente en los siglo XIV-XV, los temas literarios de mayor difusión en Europa son recogidos en lengua gallega.

1) LA PROSA DE FICCIÓN. Es aquella que cuenta hechos que se daban por inventados. Dentro de ella existen algunos ciclos como el ciclo artúrico y el ciclo troyano o clásico.

-CICLO ARTÚRICO OU BRETÓN: se refiere a las historias que surgieron alrededor de la figura del Rey Arturo (“Rei Artur”) y de los caballeros de la Mesa Redonda (“cabaleiros da Táboa Redonda”), entre ellas, la de la búsqueda del Santo Grial (“Santo Graal”) que, según la leyenda, era el cáliz que utilizó Jesús en la Última Cena. Estas historias, que constituyen la llamada “Materia de Bretaña”, tuvieron mucho éxito en la Edad Media y su presencia llega hasta nuestros días. En gallego están presentes en libros como el de “Xosé de Arimatea”, “O Merlín” y”A demanda do Santo Graal” (José de Arimatea, El Merlín y la Búsqueda del Santo Grial).

- CICLO TROYANO O CLÁSICO: constituido por textos que tratan de temas relacionados con el mundo griego. El tema principal es el de la leyenda de Troya, representada en gallego por “A crónica Troiana” y por “Historia Troiana” (La crónica troyana e Historia Troyana).

2) LA PROSA DE NO FICCIÓN. Es aquella en que aparentemente se narraban hechos que en la época se consideraban reales. De todos modos, el concepto de ficción ha cambiado mucho desde la Edad Media, pues se consideraban reales la aparición de elementos sobrenaturales en la vida cotidiana y en milagros, que hoy consideraríamos fantásticos.

-PROSA HISTÓRICA. En la Edad Media el estudio de la Historia carece de la objetividad y rigurosidad que hoy le pediríamos, en parte porque los libros estaban financiados por nobles o reyes, de los que no se habla objetivamente, pues quien los escribe tiende a ensalzar el personaje que patrocinaba la obra. Entre los libros más importantes destaca la “Xeral Historia” y la “Crónica Xeral Galega” (General historia y Crónica general gallega).

-PROSA RELIGIOSA. El libro más importante es “Os Milagres de Santiago” (Los milagros de Santiago), un libro que consideramos como no ficción, ya que las historias de los santos y de sus milagros estaban consideradas como verdaderas.

-PROSA DIDÁCTICA. Existen en nuestra lengua versiones de libros que enseñaban aquello que interesaba a la nobleza, como el cuidado de los caballos, la caza con halcones, etc. También existen libros de carácter más o menos jurídico o administrativo, como el “Libro de Cambeadores”.

1.2. CONTEXTO LINGÜÍSTICO

a) El nacimiento de la lengua gallega

La lengua gallega no nace espontáneamente, si no que proviene, por evolución interna, de la legua latina que los romanos llevaron a las tierras del noroeste a partir de la conquista hispánica durante el Imperio de Augusto. Al latín se incorporó el léxico de las lenguas que los primitivos pueblos galaicos hablaban. Más tarde se incorporaron términos de los nuevos conquistadores germánicos y árabes. Comenzando el siglo IX, la lengua era ya tan diferente a la que transmitieron los romanos que se deja de denominar latín para llamarla lengua gallega o romance gallego. En este siglo, por lo tanto, situamos el nacimiento del gallego. De todas formas, el latín siguió siendo la lengua escrita. No será hasta finales del siglo XII cuando se comience a usar el gallego para este menester. (Lingua galega e literatura)

b) Los primeros habitantes de Galicia

Los primeros habitantes de Galicia eran de origen preindoeuropeo, dejando algunas muestras en el gallego. De esta forma se encuentran palabras de raíz preindoeuropea ( “amorodo”, “lastra”, “veiga”, etc.). Asimismo, los primitivos habitantes de Galicia sufrieron ciertas influencias lingüísticas y culturales de los pueblos celtas de la península ibérica con palabras como (“berce”, “bugallo”, “croio”) que llegaron a la lengua bien de forma directa o a través del latín.

Los romanos llegan a Galicia hacia el siglo II a.C., aunque su conquista no se consolidará hasta el siglo I a.C. Comienza así un proceso de “romanización” que conllevó la incorporación de los pueblos autóctonos a la lengua y cultura de los conquistadores romanos. El latín se convirtió en la lengua de la zona, pero su asimilación no fue un proceso inmediato, sino paulatino, a través de la colonización de ciudadanos romanos y las ventajas culturales y administrativas de la ciudadanía romana, el reparto de tierras, etc.

El proceso de romanización fue similar al de otros lugares, pudiendo hablarse de una élite fuertemente romanizada mientras la mayoría de los habitantes utilizan una variante degradada del latín vulgar, del que derivarán las llamadas lenguas romances: el castellano, catalán, rumano, francés, italiano, etc.

c) La llegada de los germanos

A partir del siglo V d.C. llegan a Galicia pueblos de cultura y lengua germánica que debido a su escaso peso demográfico no son capaces de asimilar por completo a la población galaicorromana, terminando con su asimilación. También durante la Alta Edad Media llegan refugiados procedentes de las Islas Británicas e incluso la zona es ocupada brevemente por los árabes durante el siglo VIII. Aunque su peso cultural resulta ínfimo sobre el trasfondo cultural latino, estos pueblos aportan varios préstamos lingüísticos con diversos términos germánicos (alberca, espeto, roupa, etc.) y árabes (estos a menudo a través de fuentes indirectas) (laranxa, aceite, azucre, etc.).

d) La formación del gallego

La transformación del latín en gallego se produjo de forma progresiva e imperceptible. Es imposible proporcionar una fecha exacta de transformación. No obstante, a partir de los testimonios escritos conservados puede decirse que hacia el siglo VIII la lengua de la iglesia y la administración era muy diferente del latín clásico, aunque a menudo aparece llena de vulgarismos y modismos que posteriormente serán transmitidos al gallego. Sin embargo, los primeros escritos en una lengua considerada ya como gallego no aparecen hasta bien avanzado el siglo XII, y el latín continúa siendo la lengua de la cultura, de la administración, de la liturgia y de la enseñanza, no sólo en el territorio de la antigua Gallaecia, sino en la mayor parte de la Europa Medieval. El documento literario más antiguo de los conservados actualmente es una cantiga satírica Ora faz ost'o senhor de Navarra de Joam Soares de Paiva, escrita en algún momento indeterminado cerca del año 1200. De los comienzos del siglo XIII datan los primeros documentos no literarios en gallego. La “Noticia de Torto” (1211) y el Testamento de Alfonso II de Portugal (1214). Recientemente fue encontrado el documento más antiguo escrito en Galicia, fechado en el año 1228. Se trata del Foro del burgo de Castro Caldelas, otorgado por Alfonso IX en abril del citado año en el municipio de Allariz. El más antiguo documento latino-gallego-portugués fue encontrado en Portugal, y es una Donación a la Iglesia de Sozello, que se encuentra en el Archivo Nacional de Torre do Tombo, y está fechado en torno al año 870 d.C. Ya desde el siglo VIII, y a medida que los invasores musulmanes consolidan sus conquistas en el sur de la península ibérica, Galicia constituye una unidad política con los reinos medievales de Asturias y León, aunque mantiene cierta autonomía que le permite en ocasiones surgir como reino independiente en momentos puntuales de los siglo X, XI y XII. En este contexto el gallego es en su mayor parte una lengua exclusiva del ámbito oral, con una competencia menguante con el latín en el ámbito escrito. El progresivo peso demográfico de los gallegos hablantes poco a poco introduce el gallego junto al latín en los documentos notariales, bandos administrativos, pleitos, etc., aunque el latín sigue poseyendo una posición cultural superior.

e) Esplendor medieval

Desde el siglo XII y a partir de su consolidación, la literatura gallega vive su período de mayor esplendor. El gallego se convierte en la lengua por excelencia de la lírica en toda la península ibérica, excepto en Cataluña, proporcionando numerosos ejemplos y obras de poesía trovadoresca, en principio de origen provenzal, pero que en Galicia dispone de variables y elementos autóctonos. En estos momentos, y a pesar de la constitución de Portugal como reino independiente a mediados del siglo XII, no existen diferencias apreciables en la lengua hablada en el territorio de la antigua Gallaecia, por lo que puede hablarse de una lírica gallego-portuguesa. Se diferenciaba de la actual, por ejemplo, en la existencia de vocales nasales (chão, bõo), y de seis consonantes sibilantes (nosso, casa, caçar, fazer, gente, hoje)

En este período el gallego alcanza un rango internacional, ya que es utilizada por autores de muchos países europeos: gallegos, portugueses, leoneses, castellanos, occitanos, sicilianos, etc. y está presente en muchas cortes reales y señoriales, aunque su uso se concentra sobre todo en la península ibérica.

1. CUESTIONES EXTRAARTÍSTICAS

1.1. CONTEXTO HISTÓRICO

a) La Galicia feudal

a1) SITUACIÓN SOCIAL Y CONFLICTOS

La época bajomedieval se extiende desde el siglo XI hasta la época de la conquista de Constantinopla por los árabes y el descubrimiento de América, a finales del siglo XV.

El final del primer milenio vio cierto crecimiento demográfico y la repoblación de zonas cada vez más al sur, a través del sistema de “presura”. Comenzando el siglo segundo las costas padecieron los saqueos vikingos. Desde el siglo IX comenzaron a aparecer pequeños núcleos rurales llamados “vilas”, acompañados de “vilares” y “casais”, característicos todos ellos del hábitat disperso. De principios del siglo XII data el proceso urbanizador. Las instituciones eclesiásticas atañen un notorio poder –las catedrales en las ciudades y los monasterios bieitos y cluniacienses en el campo.

Durante todo este período, las tierras se fueron concentrando en manos de grandes propietarios (que, debido a la pronunciada diseminación de los predios, no poseían “grandes propiedades”) y el número de pequeños propietarios decreció. Una parte de los dominios señoriales la explotaban directamente los señores a través de un "villicus"; la otra parte por medio de seros y colonos. Se intensificó la horticultura; se redujo el “barbeito” con la rotación trienal, se introdujo el “vesadoiro”, y se utilizó más el hierro en los aperos agrícolas y aparecieron las aceñas.

El reino de Galicia pasó progresivamente a depender de los ámbitos astur-leonés y posteriormente castellano-leonés hasta que, desgastada su nobleza en conflictos dinásticos, decreció su capacidad de actuación. Después de las terribles hambres y pestes del siglo XIV, la conflictividad social aumentó en el siglo XV y provocó las revueltas irmandiñas (1431-1469).

a2) EL SISTEMA FEUDAL

La propiedad de la tierra constituía el elemento de diferenciación social y provocaba la necesidad de pedir protección. Esta protección se pagaba encomendando terrenos propios o cediéndolos cómo pago de rentas; se fue consagrando así el sistema de privilegios nobiliarquicos. A comienzos del siglo XIII se produjo el renacimiento -realmente nacimiento- de las ciudades, relacionado bien con el camino francés (Portomarín, Melide, Arzúa), con las actividades marineras (A Guarda, Baiona, Redondela, Pontevedra, Muros, Noia, Padrón, Coruña, Betanzos, Viveiro, Ribadeo), con las sedes episcopales (Mondoñedo, Ourense) o por otros motivos (Ribadavia).

Al lado de las catedrales y de sus cabidos aparecieron los conventos de las órdenes mendigas: dominicos (Santiago, Ribadavia, Tui, Lugo, Coruña, Pontevedra, Viveiro, Ortigueira) y franciscanos/clarisas (Santiago, Coruña, Ribadeo(?), Viveiro, Lugo, Ourense, Pontevedra, Betanzos, Monterrei, Noia, Pobra del Deán, Herbón, Vilabade-Castroverde, Allariz).

Al frente de los ayuntamientos figuraban los jueces; estaban luego los corregidores (representantes del poder real) y justicias mayores (de carácter eclesiástico) y finalmente los alcaldes y regidores, escogidos entre los hidalgos locales y los comerciantes. Para el conjunto, desde 1231 existió el cargo de Meiriño Mayor ("Adelantado Mayor de Galicia", ligado a la familia de los Castro) con funciones gubernamentales, económicas, financieras y judiciales, con el auxilio de los meiriños menores, de los oficiales reales y de la maxistratura.

a3) SITUACIÓN POLÍTICA

En los primeros siglos de la Reconquista, el topónimo Galicia designaba al territorio regido por los monarcas astur-galaicos desde Alfonso I hasta Alfonso III el Magno. Así, autores árabes como Ibn al-Atir llamaban reyes de Galicia a Alfonso I, Aurelio, Silo y Ordoño I. Alfonso II el Casto, que pactó con el único obispado libre del dominio musulmán (Iria Flavia) la creación de un santuario en torno a la Tumba de Santiago Apóstol, es denominado rey de Galicia en los Annales Regni Francorum o en la Vita Karoli Magni. Este rey consolida la plena integración de Galicia en el espacio de la monarquía de Oviedo, hasta el punto de que su sucesor será un candidato impuesto por los magnates gallegos: Ramiro I, el vencedor de la legendaria batalla de Clavijo, que originó el multisecular voto de Santiago.

En el año 910, cuando, a su muerte, el rey de Asturias Alfonso III el Magno divide su reino entre sus tres hijos, el Reino de Galicia le corresponde a Ordoño, casado con la noble gallega Elvira Menéndez. Nace el reino de Galicia como reino independiente del de León. Sin embargo, al morir su hermano García I de León sin descendientes en 914, Ordoño ocupa el trono del Reino de León, con el nombre de Ordoño II, con lo que se produce la unión de ambos reinos. En el marco de las luchas entre Alfonso IV y su hermano Sancho Ordóñez, el reino de Galicia recuperó, de hecho su independencia. Sancho se refugió en Galicia huyendo de su hermano en 926, coronándose como rey de Galicia y manteniendo el reino independiente hasta su muerte en el año 929. Tras su fallecimiento, el reino se reintegraría de nuevo en el de León, en la persona de Alfonso IV, aunque su esposa, la retirada reina gallega Goto, siguió siendo considerada como tal, incluso en el fructífero reinado de Ramiro II.

La posición de los magnates gallegos osciló entre el dominio del reino y el levantamiento (traditores), incluso favoreciendo las devastadoras incursiones del caudillo musulmán Almanzor. Una de las múltiples rebeliones de la nobleza gallega culmina con la coronación en Galicia de Vermudo II (981) que vence a Ramiro III de León y acaba dominando también este reino.

Posteriormente, tras la muerte de Fernando I el Magno, rey de Castilla y de León, y atendiendo a su testamento, sus reinos se reparten entre sus hijos. El Reino de Galicia le corresponde a García I. García fue coronado por el obispo compostelano Cresconio y restauró las diócesis de Tuy y Braga. Su hermano Alfonso VI le arrebata el reino y mata a su otro hermano Sancho, rey de Castilla, reuniendo de nuevo los reinos en un solo trono. A partir de este momento Galicia se convierte en un territorio más del reino de León, de Castilla y León o de Castilla según los cambios políticos de la época.

En esa época el reino alcanzó su máxima extensión, llegando hasta Coimbra. En 1096, Alfonso VI acordó partirlo en dos: El Condado de Galicia, al norte del río Miño, que pasa a manos de Raimundo de Borgoña, casado con Doña Urraca (totius Gallecia imperatrix), y la Galicia del sur que pasa a manos de Teresa y Enrique de Borgoña, primo del anterior. El hijo de estos, Afonso Henriques, se proclamó primer rey de Portugal en 1139.

Fueron frecuentes, desde el año 844, ataques normandos o vikingos, que, por momentos, amenazaron en convertirse en conquista. La última gran invasión, a través del río Miño, acabó con la derrota de Olaf Haralddson en 1014 a manos de la nobleza gallega.

Las dificultades en la costa no impidieron una expansión hacia el sur donde nobles gallegos del siglo IX y X como Vimara Pérez o Hermenegildo Gutierrez reorganizaron el espacio de frontera con el Islám en torno a Oporto y Coimbra, que más tarde serían los ejes del progresivamente independiente condado portucalense.

En el siglo X, el árbitro de la política gallega será S. Rosendo. Fundador del monasterio de Celavona, ponía y quitaba reyes, impulsó el monacato, combatió a los normandos y realizó un esfuerzo civilizador en una época de crisis y agitación

En los siglos XI y XII, el Reino de Galicia, liderado por los obispos de Compostela y los condes de Traba, conoce una época brillante en lo religioso (peregrinaciones europeas, auge de los monasterios como Oseira, Sobrado de los Monjes, San Esteban de Ribas de Sil o San Clodio) en lo político (concesión de fueros a las ciudades por parte de los reyes de León y Galicia Fernando II y Alfonso IX) y en lo artístico (románico). Son hitos fundamentales del momento el inicio de la catedral compostelana por el obispo Diego Peláez en 1075, la coronación por el obispo Diego Gelmírez del hijo de Urraca Alfonso VII en Santiago de Compostela como rey de Galicia en 1111 y la concesión del Año Santo Jubilar Jacobeo por Roma en el año 1181.

b) Integración definitiva en la Corona de Castilla

La unificación definitiva con Castilla se produce, en 1230, con el gran rey reconquistador Fernando III el Santo, hijo de Alfonso IX de León y Galicia y de Doña Berenguela de Castilla. Fernando III no respetó el testamento de su padre que dejaba los reinos de Galicia y León a Doña Sancha y Doña Dulce, hijas que tuviera con Doña Teresa de Portugal. Le sucedió Alfonso X el Sabio, exponente del esplendor de la lírica en gallego (Cantigas de Santa María). Al frente de Galicia queda ahora un Adelantado Mayor del Reino, representante de la Corona y designado de entre la nobleza autóctona. Entre los adelantados mayores del Reino de Galicia destacó Payo Gómez Chariño pacificador del Reino, famoso almirante e insigne poeta en lengua gallega.

Tras la muerte de Sancho IV, la integración del Reino de Galicia en la Corona de Castilla sólo se vio alterada por el intento de D. Juan de la Cerda de restaurar la corona galaico-leonesa en 1296 y por las guerras entre los Trastamara y los petristas. La alta nobleza gallega de los Castro, de querencia petrista, llegó a proclamar rey en Galicia a Fernando I de Portugal en 1369 y más tarde al Duque de Lancaster D. Juan de Gante en 1386. Este conflicto dinástico se enquistó durante décadas en Galicia y concluiría con la derrota de los Castro a manos de la nueva dinastía real y con ella, el final del papel preponderante de la nobleza gallega en la corona castellano-leonesa, desde 1369 en poder de los Trastamara. Una nueva aristocracia galaica, más fragmentada, emergería con los Andrade, los Castro, los Moscoso, los Sotomayor, los Osorio o los Sarmiento, cuya cabeza, el conde de Ribadavia, ostentaría la condición de adelantado mayor del Reino de Galicia.

El movimiento social más significativo de las historia de Galicia fue el levantamiento irmandiño. Una revolución popular que destruyó la mayor parte de las fortalezas de la nobleza gallega del siglo XV. Esta era un estamento semiindependiente, dividido y depredador que estuvo puesto en jaque por las fuerzas populares que gobernaron mediante juntas el Reino de Galicia durante más de dos años. La corona castellana decidió finalmente apoyar a los señores, aunque exigiendo que los castillos no fuesen reconstruídos y sometiendo a aquellos a la autoridad de un virrey-gobernador foráneo que presidía la recién creada Real Audiencia del Reino de Galicia. Los enfrentamientos de la aristocracia gallega con los Reyes Católicos dan entrada a Galicia en la Edad Moderna. Nobles levantiscos como Pardo de Cela (decapitado en Mondoñedo) Pedro Madruga de Soutomaior (exiliado a Portugal y asesinado) o el Conde de Lemos (confinado en la Galicia oriental) escribirían las últimas páginas de una Galicia feudal que moriría con ellos para siempre.

Tras la unificación de los reinos peninsulares que dieron lugar al Reino de España, el órgano de representación del Reino de Galicia fue la Junta do Reyno, creada en 1528. Hasta su disolución este órgano constituyó la expresión política, si bien su existencia como cabía esperar fue poco significativa durante todo el Antiguo Régimen.

jueves, 6 de marzo de 2008

La Ópera de la Temporada

Comentaremos, en varios posts, no necesariamente secuenciales, no necesariamente ordenados, nuestra "Ópera de la Temporada"

Escogida de acuerdo al más arbitrario y el más exquisito de los criterios, el puro gusto, nos acompañará durante un período de tiempo variable, hasta que la hayamos audicionado en una o varias versiones, visionado una o más puestas en escena (en video), documentado sus antecedentes, su libreto, sus personajes, desmenuzado musical y argumentalmente, amado hasta el éxtasis, y por fin, odiado para siempre, en una especie de operación extirpatoria.

La actual Ópera de la Temporada, de nuestra particular temporada, es Eugene Oneguin, de Piotr Ilich Tchaikovsky

Basada en una novela de Alexander Pushkin, Oneguin es una ópera en la que los sentimientos son los personajes. Los motivos musicales acompañan, describen, respaldan los sentimientos, mientras los personajes se desdibujan arrastrados por un sino melancólico.
Es también una Ópera de desencuentros, en que los números vocales aparentan uniones que no son tales, cuartetos que son una suma heterogénea de dúos, o, peor aún, de individualidades; dúos que duran lo que un suspiro; mientras la música desencuantra a quienes deberían encontrarse, y hace coincidir a quienes no han estado, no están, no estarán nunca juntos.
Ópera, en fin, del desconsuelo retratado en tres escenas que indefectiblemente concluyen con la muerte de un sentimiento: Fin de las ilusiones adolescentes, fin de la amistad, fin del amor, en una gran parábola melancólica...

Sirva esto de presentación, entonces, para la ópera que iremos conociendo...